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X. Cuatro poemas, una costumbre

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        Al igual que el de la entrada "Sin comentarios" , los siguientes cuatro  poemas también fueron escritos a los 16 años e inspirados por el mismo chico, e ilustran una de mis antiguas malas costumbres más arraigadas: la de enamorarme de hombres emocionalmente ambiguos y no disponibles . --- INVIERNO Lluvia afuera y adentro En tu cielo y en el mío Tu sol quedó en su bolsillo y tú te quedas con el mío Ella capturó tu sueño Ella te dejó al vacío Tú, tornado en mi invierno El silencio traga mi aullido Y llanto, lluvia y grito... todo sepultado en mi pecho para que creas que sobrevivo --- Elements Of This World, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons SIN TÍTULO Pared transparente Me ahoga lo que encierra Líquido maldito que te envenena Me bebo tu mirada con su imagen impresa y con ese amargo sabor a tristeza El antifaz en su rostro su rostro en tus adentros tus adentros sangrando y me trago sus reflejos Me trago mis...

VIII. Sin comentarios

       Solamente diré que este poema tiene mucho en común con el texto de los oxímoron que compartí en la quinta entrada de este blog : misma edad (16 años), misma situación (amor no correspondido) y mismo chico (sin comentarios). SIN TÍTULO Dime por qué Por qué te tienen atado en el fondo de ti Por qué el hielo sobrevive  justo encima de la llama Por qué el fuego no se apaga  y por qué sé que está allí Por qué tu lágrima callada se oye detrás de tu risa Dime por qué Por qué siento tu mirada si tus ojos no me tocan Por qué escucho tu voz clara cuando no me dices nada Por qué estamos tan atados a esa cuerda que no se mira Y dime por qué es tan larga Tan larga...

V. De alegorías y oxímoron inmerecidos

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     Para cuando cumplí 16 años, ya le había escrito al menos cuatro poemas a mi madre y dos a mi padre biológico, dos poemas a Dios, uno a un amigo y la contrastante cantidad de al menos once poemas al anhelado "compañero de alma" o " soul mate " imaginario al que dediqué mi post anterior . Para chicos de carne y hueso, en cambio, apenas había escrito un par.      Fue a los 16 años, la edad en que tuve mi primera relación de pareja, cuando realmente empezó la mala costumbre de andar permitiendo que otros hombres invadieran ese sagrado espacio poético que había estado reservando tan celosamente para ese "compañero de alma" ideal. Y comencé a escribirles más a chicos reales -demasiado reales- textos como los dos transcritos aquí abajo.  Ambos fueron escritos a la misma edad, y sin embargo fueron inspirados por dos chicos muy distintos, aunque tenían algo en común: los dos ilustran mi antigua costumbre, aún peor que la que acabo de mencionar, de ena...